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Jardin

EL JARDÍN

LA LUCHA CONTRA LA ESTUPIDEZ,

 UNA LUCHA ETERNA

por

IVO SIRAKOV & ANNA BAY

 

Disfrutar de una casa con espacios al aire libre se ha convertido en todo un lujo, pero mantener un jardín, por grande o pequeño que sea, no es algo tan simple. Todos sus componentes, piscinas, instalaciones de riego, fuentes, estanques, gazebos y por lo general todas las zonas de esparcimiento, se encuentran permanentemente sometidos a las inclemencias del tiempo y al desgaste o deterioro que estas provocan. Por lo tanto mantener un jardín significa mucho más que preservar su aspecto o apariencia, porque supone, entre otras cosas, tener clara y eficiente la planificación de funcionalidades y gestión de los espacios, así como de todos los elementos que lo conforman e integran. Es normal asustarse frente a semejante labor, que a veces puede resultar colosal, sobre todo por quién no se conforma con que la hiedra crezca salvaje para que cubra la basura que haya debajo. Sin embargo, el esfuerzo realizado siempre viene bien recompensado, porque las plantas, si bien cuidadas, son generosas.

 

 

Los árboles suelen ser los grandes protagonistas de un jardín por su gran visibilidad. Cumplen de maravilla con la función estética de una casa, también dan intimidad y afectan el lado emocional, porque las plantas tienen el poder de mejorar el estado de ánimo de las personas. Pero sobretodo tienen una gran función climática, porque proporcionan sombra y protegen la vivienda del viento.

 

 

Importante factor, que no hay que olvidar a la hora de estructurar o reformar un jardín, es la biodiversidad, una palabra que últimamente se escucha mucho y que significa no basar todo el arbolado en un puñado de especies por cuestiones de sanidad. Si tenemos pocas especies en cultivo y hay una plaga o enfermedad, corremos el riesgo de quedarnos sin arbolado.

 

Está comprobado que los árboles contribuyen a mejorar la salud y por esto muchos centros médicos adoptan el verde por las salas y llenan sus espacios de plantas.

 

No obstante que en el siglo XXI quede clara la connivencia entre el ser humano y la naturaleza, todavía tenemos que luchar contra la estupidez de unos pocos que siguen taladrando árboles por la venta de su madera. No estoy hablando de grandes empresarios, sino de gente pequeña, insignificante que taladra árboles a su antojo sin que los dueños de las fincas, como la que estoy reformando, se enteren. Estos tocones son parte de un grupo de 25 que he podido contar y algunos pertenecen a árboles enormes, tan viejos como dos vidas humanas. ¿Cómo se ha podido no tener cierto respeto? Las evidencias que he fotografiado pronto desaparecerán, quemadas en una chimenea, y lo único que me queda es esta denuncia.

La maceta está muy bien, pero me habría gustado mucho más desfrutar de la majestuosidad de este pino de más de un siglo. Saber que vino taladrado porque daba sombra a la piscina, me hace sangrar el corazón.

 

Bajo la hiedra hay de todo, lata de refresco y cerveza, cuchillas por afeitar, hierros oxidados y puntiagudos, la piel de algunas víboras, escombros y mucho más. Sin contar la poda bárbara y brutal de los arboles que separan la piscina de la huerta, el destrozo intencionado por rebajar el valor de la finca y el cultivo de plantas que nunca podrán florecer en las zonas donde han sido colocadas, queda paulatina la desorganización total, la ineptitud y mala gestión o abandono de los espacios. Pasear por el jardín me entristece mucho más que dar vueltas por la casa en ruina y reformarlo de verdad no será cosa fácil.

 

 

EN PROCESO...

 

 

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